lunes 14 de diciembre de 2009

Una batalla campal

Me pareció adentrarme en el paraíso prometido. Llegué y de pronto, como si no hubiese nada más en el lugar: estaba una computadora esperando por recibir mis dedos y ponerse a trabajar en apoyo a la causa de encontrar un buen libro. Comencé a escribir, pero no sabía qué exactamente buscaba. De momento, llegó a mi mente lo que tanto estaba esperando que llegara: Ciudad Seva. ¡Me acordé de Luis López Nieves! ¡Me acordé de El Silencio de Galileo! Sin duda alguna, quería obtenerlo y no lo encontraba. Entonces, me lancé a la tarea de encontrarla, con ímpetu, pero con delicadeza, pues me encontraba en un jardín de flores respetables: una librería. Al finalizar mis andanzas, mis ojos apuntaron hacia él, allí estaba él. Sin embargo, no quise reirle las gracias y lo traté con mesura. Decidí que primero buscaría el libro que quería entregarle a mi amigo secreto estas navidades. Por fin, sentí cómo los envidiosos compañeros, aledaños a El Silencio de Galileo, murmuraban en pos de protesta por escoger esa joya del famoso escritor puertorriqueño. Algunos se movían porque estaba tocando sus costados y se sentían incómodos. Otros, sólo miraban con odio la hazaña que estaba realizando. Y entre tanto, decidí obviar esa batalla del escogido para ponerme a pagar lo que sostenían mis cansadas manos.

Estaba decidido, entre tantas cosas de que, el libro me encantaría, pues alcancé a leer unas líneas. ¿Saben qué? Lo terminé en cuestión de horas. Sin lugar a dudas, una novela emocionante, excitante, excelente y suprema. La recomiendo para todo amante de la lectura. De hoy en adelante, buscaré un poco más sobre este orgullo boricua. ¡Me encanta!

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