Parecían perderse entre los relajados arbustos del patio de su abuela. Ella los observaba. Corrían como sin consuelo, contando agitadamente las hojas de un solitario árbol. Cuando ya estaban cansados entraban hasta el comedor para recibir las galletas de chocolate que su abuela les había preparado. Lo acompañaban con un vaso de leche. Después llegaba la tan esperada siesta que les ayudaría a recobrar las energías que habían perdido en su inocente ejercicio. Ya terminada, llegaba Julia, su madre.
Eran cuatro en la casa. Julia, su esposo y los dos pequeños. Todos estaban felices en aquel lugar, muy unidos en todas las hazañas que debían sobrepasar. Sin embargo, esa tarde de recogida no fue tan rápida como de costumbre: había algo extraño. Julia se bajó y llegó hasta donde se encontraba doña Juana, la abuela de los chicos. Asentó su acongojado semblante sobre el viejo hombro de su madre y explotó en llanto sin consuelo.
‘’Mi niña, ¿qué sucedió?’’, preguntó Juana. Pero su hija no tenía fuerzas para contestar la pregunta desesperada de su progenitora. Mientras intentaba hablar, un ataque de gaguera le impedía continuar con el flujo normal de una conversación. ‘’Los nenes no tendrán navidades’’, logró contestar. ‘’ ¿Cómo dices?’’, contestó la mamá.
‘’No tengo trabajo, mami. Me cesantearon hoy mismo’’, le dijo. Doña Juana no encontró donde acomodar su quebrantado semblante ante tal noticia. Ya ella no recibía el dinero de veteranos de su fenecido esposo, y por tanto, se defendía con la ayuda de su hija. En otro lado, el sustento que su esposo podía brindarle no era suficiente, pues estaba en rehabilitación, estaba inválido, y no le había sido aprobada la ayudantía de discapacidad.
Lamentablemente, Julia estaba entre la espada y la pared un 21 de diciembre. Cercano a la fecha del esperado nacimiento del niño; pronto tendría que recompensar a sus hijos por el año vivido. De todas formas, ¿cómo lo haría?
Abandonó la casa de su vieja y se encaminó hacia la suya con los nenes. Le preguntaban preocupados la razón de su sufrimiento, sin embargo, los evadía diciendo que estaba alegre porque había llegado la tan esperada navidad. Tétricamente, será una triste navidad que guardará un desastroso recuerdo de la pérdida de ilusión. De la pérdida de esperanza en ese niño que nace y le entrega una paga por su buen comportamiento.
Su mamita estaba entrelazada entre la angustia y las penurias de la realidad amortajadora que vivía su perjudicado país. Ni los especiales ayudarían en esta situación. Tenía su pago comprometido con las deudas de la casa: electricidad, teléfono y agua.
Por tal razón, ni a Paco ni a Lucía, los hijos de Julia, les llegará el niñito Jesús. Estarán solos frente al acongojado árbol de navidad que no protegerá ni una envoltura de papel. Guardarán para el infinito la ilusión que les defraudó por un gobierno poco organizado. Vivirán entre congojas inconcebibles, entre las angustias de la realidad que golpeaba a su hogar, a su triste hogar.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada